lunes, 30 de mayo de 2016

¿Estamos educando para el futuro?

Debemos tener cuidado al precipitarnos en la respuesta a esta pregunta, pues la tentación es decir inmediatamente que “no”, y aunque la respuesta podría ser correcta, no necesariamente los argumentos que la sustentan lo son.   A mi criterio, debemos educar para el presente en perspectiva de futuro, no propiamente para el futuro, pues ello significaría una atemporalidad que podría terminar siendo un tanto fantasiosa.  Es decir, no podemos circunscribirnos a un asunto temporal, pero tampoco atemporal, sino propiamente actitudinal y aptitudinal.  En otras palabras, la pregunta debería ser más bien si estamos educando para ofrecer las competencias que permitan a nuestros profesionales adaptarse a los retos que el futuro les pueda presentar.  Reformulemos entonces la pregunta: ¿ofrecemos un proceso de enseñanza-aprendizaje en proyección de futuro, de modo que las aptitudes y las actitudes que se generan durante el mismo contribuyen a que el egresado sea siempre un profesional “del momento” capaz de resolver problemas sin necesidad de reglas fijas establecidas?

Algunos sienten la tecnología como una la gran amenaza al desempeño laboral del ser humano, y desde este criterio juzgan como negativo todo avance en materia de simplificación del trabajo.  Este tipo de ideas ya habían surgido durante la revolución industrial.  Si bien es cierto, la tecnología ha implicado una disminución de la oferta laboral miscelánea, Levy y Murnane (2007) señalan que no se trata que la tecnología esté desplazando al ser humano, sino más bien que estamos educando a las personas como si fueran ordenadores.  A lo sumo les ofrecemos un algoritmo sobre el cual se debe descargar todo, y desde el cual se procesa la información dentro del marco de reglas fijas.  En otras palabras, estamos “automatizándolos”, lo que conlleva a que el principal competidor laboral para muchos no sea un colega profesional, sino un programa de computación de última generación.  Bien señalan estos autores que “las escuelas deben enseñarles a los niños cómo resolver problemas nuevos para cuya solución aún se desconocen las reglas”.  Cheng (2007) coincide con ellos al hablar de la necesidad de un “aprendizaje basado en problemas”. Sin embargo, enseñar este tipo de habilidades no es tarea de un curso, sino de todo un nuevo paradigma educativo.

Construir este nuevo paradigma educativo constituye todo un reto para nuestra sociedad actual.  No podemos negar que se han dado grandes avances, y que incluso organismos internacionales como la UNESCO ofrecen guías para la elaboración de curricula en proyección de futuro.  No obstante, las bases teóricas no parecen haber calado aún lo suficiente, y por tanto para algunos a veces parece que se trata únicamente de nuevas “técnicas de enseñanza”, y no de una nueva forma de enseñar. Los principios antropológicos y epistemológicos dentro de este nuevo paradigma son diversos a los que orientaron el sistema educativo tradicional que prevalece en la mayor parte de las instituciones educativas de nuestro país, por lo que es casi necesaria una “revolución” que permita dar cabida a un proceso nuevo.

Un importante punto de partida nos lo ofrece la teoría de las inteligencias múltiples, que viene asociada a la propuesta de las cinco mentes del futuro de Gardner (2005).  Al igual que los autores ya citados, Gardner coincide en la idea de que es necesario preparar a los nuevos profesionales para sobrevivir en el futuro.  Es desde esta perspectiva que propone el desarrollo de las cinco mentes: disciplinada, sintética, creativa, respetuosa y ética.  Valga decir que aunque el autor considera que hay personas con mayor o menor disposición para una que otra, todos pueden aprender a desarrollarlas en su conjunto.  Cada mente de cierta manera refleja las competencias necesarias a desarrollar en cada persona, para que se mantenga actualizado desde su actividad profesional. 

El desarrollo de las cinco mentes, en cierto modo, se asocia al desarrollo de aquellos elementos propios del ser humano que lo van a poner siempre por encima de un ordenador, y que Levy y Murnane (2007) sintetizan esencialmente en dos: pensamiento especializado, que hace alusión a la capacidad de solucionar problemas sin contar con reglas establecidas; y comunicación compleja, que alude a interactuar con otros humanos para adquirir información, explicarla o persuadirlos de sus implicaciones para la acción.

Podría entonces irse generando un perfil de profesional del futuro y preguntarnos si realmente es el profesional que estamos educando.  Hagamos un acercamiento a este "profesional para el futuro".  Se trataría de un profesional:

  •         Capaz de solucionar problemas sin contar con un protocolo ni reglas definidas.  Este profesional requeriría de un buen desarrollo de su mente disciplinada que no le haga depender de otros para buscar respuestas y que al mismo tiempo sepa mantenerse actualizado para mejorar su capacidad de respuesta.  A la mente disciplinada deberá asociarse la mente creativa, que le permita extender el conocimiento y la comprensión en direcciones nuevas e imprevistas.  La persona creativa es alguien insatisfecho, pero no pesimista, con intuición y “olfato” para encontrar posibilidades donde otros sólo ven problemas, e incluso capaz de construir las posibilidades, capaz de sobreponerse a la adversidad, constante.  A la creatividad viene asociada la capacidad de síntesis.  Por tanto el profesional del futuro deberá también desarrollar su mente sintética para poder entretejer información procedente de diferentes fuentes en un todo coherente, diseñar modelos, poder hacer representaciones y hacer análisis interdisciplinario.  La necesidad de un trabajo interdisciplinario nos lleva al otro elemento fundamental del perfil, a saber,
  •       Capaz de comunicación compleja.  Es decir, se debe tratar de una persona que logre establecer vínculos humanos serios y significados que contribuyan a la generación de un trabajo en equipo.  La interacción humana se ha convertido más en un elemento central de las dinámicas en el lugar de trabajo contemporáneo (Cheng, ). Obviamente no podemos encerrarnos en el campos especializado, se necesita de “comunidades de aprendizaje” (Cheng, 2007).  Para tal efecto conviene el desarrollo de las dos mentes restantes que propone Gardner.  Primero, la mente respetuosa, que implica, entre algunas cosas, aceptar las diferencias, aprender a vivir con ellas, a valorar y respetar a quienes forman parte de grupos distintos del suyo, teniendo siempre en cuenta que el conocimiento del otro es valioso, “si no aprendemos a convivir con los demás, el planeta pronto quedará despoblado” (Gardner, 2005).  Y la otra mente es la ética, que orienta al profesional a comportarse de una forma que beneficie a la sociedad aunque no sirva directamente a sus propios intereses. El respeto es interpersonal, la ética se refiere a la sociedad. De alguna forma, es un profesional comprometido con los otros a construir el mundo donde todos queremos vivir.

Salta inmediatamente a la vista cómo hay aún mucho trecho que caminar, pero vamos a buen paso.  En las universidades no sólo los docentes están cambiando, también los estudiantes van asumiendo un mayor protagonismo en el proceso y esto nos obliga a todos a responder con nuevos modos.  En mi caso particular, he venido haciendo transformaciones significativas, sobre todo porque la tendencia es a repetir el estilo de enseñanza recibido, que en mi caso fue el estilo "bancario".  Los mismos estudiante me ayudan a ello, y de hecho, uno de los grandes avances es que ya desde hace como 10 años había eliminado el tipo de evaluación por exámenes.  No obstante, los cambios deben de ir de la mano con una transformación paradigmática institucional, por lo que no han faltado las reprimendas de las autoridades, ya que no me ajusto al programa establecido que exige al menos dos exámenes escritos.  En este caso soy paciente, pero rebelde, y muchas veces lo que hago es ingeniarme estilos de examen escrito que desarrollen más el pensamiento crítico que una mera repetición memorística de información.

Vivimos aún es una época donde “las escuelas aún ven como su tarea primaria la preparación de estudiantes para niveles superiores de educación” (Cheng, 2007), y donde muchos “ídolos y prejuicios educativos” persisten. Esto hace muchas veces retador el proceso de transformación para una educación con competencias para todos los tiempos. La “metamorfosis” hacia un nuevo paradigma está en proceso, y uniéndome a las palabras de K. Cheng, quiero terminar diciendo:

“anticipo que las escuelas le brindarán a los jóvenes la oportunidad para el desarrollo personal en dominios que son más pertinentes a su futuro, incluyendo el desarrollo de una pasión por la naturaleza, un compromiso con la sociedad (por medio de membresía en grupos), perseverancia, habilidad de liderazgo, apreciación por las artes, habilidades interpersonales, fluidez en un segundo o tercer idioma, familiaridad con otras culturas, sentido de justicia, creencia en derechos de igualdad y tolerancia de la diversidad y la pluralidad –una educación en mayor sincronía con las realidades de una era global” (2007)

Referencias

Cheng, K. The Postindustrial Workplace and Challenges to Education. (2007). En Marcelo M. Suarez (Ed.), Learning in the global era: International perspectives on globalization and education. Los Angeles, CA: University of California Press. Traducido al español.

Gardner, H. (2005). Las cinco mentes del futuro: Un ensayo educativo. México: Paidos.

Levy, F. y Murnane, R. (2007). How computerized work and globalization shape human skill demands. En Marcelo M. Suarez (Ed.), Learning in the global era: International perspectives on globalization and education. Los Angeles, CA: University of California Press. Traducido al español.

sábado, 28 de mayo de 2016

ANALOGÍAS PARA EL PROCESO DE ENSEÑANZA-APRENDIZAJE

Comprender el proceso de enseñanza-aprendizaje a partir de imágenes puede resultar un ejercicio interesante y hasta divertido.  Pensemos primeramente en la información como un río de torrente caudaloso.  El agua tiene la particularidad de abrirse camino por donde quiere. Es quizás la fuerza natural que puede volverse más dañina, pero al mismo tiempo es el compuesto más necesario para la vida.  El agua puede moldear hasta a la más dura roca y crear con ella cosas espectaculares.  De igual forma, hoy por hoy, estamos inundados por la información, que corre a nuestro lado por doquier.  La información está al alcance de todos, pero al igual que el agua, podría hacer de nosotros algo mejor, o dañarnos,  pues no es lo mismo informarse que aprender.
Para aprender es necesario un conjunto de herramientas que nos permitan canalizar toda la información y dirigirla, de modo que nos moldee, y no nos revuelque.  Es un momento delicado, pues las herramientas por sí mismas no hacen nada, es importante aprender a usarla, y de ahí que requerimos de facilitadores que no sólo nos enseñen el uso de las herramientas, sino que compartan con nosotros en el proceso, como parte de un equipo que busca un fin común.  Tanto la información, como las herramientas, son medios que nos deben permitir alcanzar estados de realización cada vez mayores, pero será en realidad la cooperación que como equipo tengamos entre todos, facilitadores y estudiantes, estudiantes y estudiantes, y demás actores de la comunidad educativa, lo que verdaderamente convertirá la información en un verdadero aprendizaje.


El proceso de enseñanza-aprendizaje debe permitirnos una ¨metamorfosis", en el sentido más literal de la palabra, es decir, debe permitirnos migrar de una forma a otra, sin perder lo esencial de la primera. Pues aunque una oruga pasa a ser una mariposa, en lo esencial no deja de tener en sí todo lo que de oruga le servía y le daba identidad.  De igual forma, el conocimiento es una construcción permanente, que nos hace superar estados previos para migrar hacia estados superiores.  En el proceso no renunciamos a lo que somos ni a lo que hemos sido, sino que vamos adaptando y asimilando nuevos conocimientos según sea la conveniencia e importancia para nuestra vida.  El proceso tiene una dinámica ¨pascual¨, por usar otra comparación, en ocasiones un conocimiento tiene que morir, para poder ser transformado en otro mejor.
En realidad, cada conocimiento es raíz para uno nuevo, y aunque haya que desecharlo posteriormente, es como una fuerza orgánica que servirá de abono para después.  Nada de lo aprendido es descartable, todo se puede reutilizar.  Una vez escuché que a Tomás Edison alguien le señaló la multitud de fracasos que había tenido antes de concretar la bombilla eléctrica, a lo que él respondió: ¨No fueron mil intentos fallidos, fue un invento de mil pasos, ahora sabemos cuales materiales no sirven para hacer una bombilla eléctrica¨.  No tengo la cita exacta, pero lo que me gusta es la idea de fondo.  En el proceso de enseñanza-aprendizaje, lo importante es estar siempre abiertos a buscar la verdad, y saber que solo sucede en la naturaleza, nada se desecha, sino que se utiliza de un modo nuevo.
Un río de información de gran caudal que nos llega, está llamado a ser canalizado con las herramientas necesarias, para que se convierta en una fuerza transformadora que permita ampliar siempre nuestro horizonte y nos ayude a tomar nuevas formas, capaces de contribuir a un mejor desarrollo social donde todo se vea integrado y no se descarte ningún saber, y mucho menos a ningún ser humano.

lunes, 16 de mayo de 2016

PRESENTACION PERSONAL

Hola, mi nombre es Jafet Peytrequin Ugalde.  Soy estudiante de la Maestria en Curriculum y Docencia Universitaria de la ULACIT.  He abierto este blog para compartir con Ustedes los avances en el curso de Desarrollo de Habilidades de Pensamiento Crítico y Creativo en la Educación Superior.  Espero contar con la ayuda de Ustedes para enriquecer, ampliar y mejorar todo aquello que trataremos aquí. 


Ah bueno, soy sacerdote católico, y director de la Escuela de Ciencias Teológicas de la Universidad Católica de Costa Rica.