martes, 14 de junio de 2016

ENFOQUE PEDAGÓGICO INNOVADOR: EDUCANDO PARA LA COMPRENSIÓN

Una aproximación práctica de la EPC en proceso


Lo primero que me resulta esencial es el punto de partida personal.  Me explico, cuál es el campo semántico desde donde estoy partiendo para un diseño de un plan de estudios desde un enfoque pedagógico orientado por la enseñanza para la comprensión. Cuando leía acerca del marco conceptual de la enseñanza para la Comprensión no pude evitar pensar en la pedagogía de Jesús de Nazaret, y esto más allá del aspecto religioso y creyente.  Como catequista, he tenido que desarrollar la pedagogía que llamamos “existencial”, y que tiene como punto de partida la vida de las personas.  Esta pedagogía está centrada en 3 momentos, el primero lo llamamos “experiencia de vida”, y consiste en poner a la persona a reflexionar sobre algún aspecto de su vida y acerca de lo que ha estado involucrado en esas experiencias: conocimientos, personas, relaciones, etc.  El segundo momento consiste en lo que llamamos “experiencia de fe”, y consiste en introducir a Jesús y sus enseñanzas dentro de esa experiencia, ¿qué hubiera sucedido si Jesús hubiera estado ahí?, de qué manera esa experiencia pudo verse iluminada con la presencia de Jesús, pero también de qué manera esa experiencia puede ayudarnos a comprender mejor el mensaje de Jesús.  Finalmente, el tercer momento lo llamamos “compromiso de fe”, y refiere a de qué manera el conocimiento adquirido puede ayudarnos a vivir mejor como creyentes y servir mejor a la transformación del mundo según los valores del Reino de Dios. 

Pues bien, cuando me ha tocado asumir cursos en la Universidad he intentado, de cierta manera, utilizar esta pedagogía como un intento de orientar la enseñanza hacia la comprensión.  Les voy a compartir un proyecto en proceso, pues me parece la forma más sencilla de hacer una propuesta creativa.  Les aclaro que en principio se trató de un esfuerzo intuitivo, pero gracias a los cursos de la maestría he podido irle dando un carácter más científico.

No sé a cuántos les habrá pasado que les asignan un curso que para los estudiantes no tiene sentido.  Pues a mi me pasó este año.  Me llamaron de la Universidad para impartir el curso de Filosofía de la ciencia a los jóvenes aspirantes al sacerdocio del Seminario Nacional.  Este curso estaba (¡eso espero!) catalogado por los estudiantes como uno de los más irrelevantes para sus intereses.  Cuando indague acerca del programa, se trataba más de una “historia de la filosofía de la ciencia”, a un intento de ayudarle a reflexionar acerca de las implicaciones de la ciencia en el desarrollo social.  Mi primer pregunta fue ¿qué quiero que los estudiantes consigan con este curso?, y la respuesta inmediata fue: que consigan hacer un análisis crítico de la ciencia en razón de sus intereses ministeriales.  Y de ahí el reto, ¿cómo hacer que jóvenes interesados en ser sacerdotes lograran descubrir que la reflexión filosófica acerca de la ciencia les ayudaría a ser mejores pastores?.  En ese momento no sabía que estaba pensando en clave de una enseñanza para la comprensión, pero ahora me alegra saber que era así.

Gracias a los elementos teóricos adquiridos hasta el momento, puedo decir que el punto de partida estuvo bien.  Quise rediseñar el curso para que los estudiantes pudieran reflexionar sobre los temas, interrelacionarlos, ponerlos en relación con la vida y sus intereses, y aplicarlos de manera innovadora.

Sin saberlo en realidad, mi primer reto fue establecer los desempeños de comprensión.  Quise que los estudiantes descubrieran que el curso no era para repetir la información de los libros, sino para generar un pensamiento crítico de frente a los paradigmas científicos que pretenden, en cierto modo, el único punto de referencia para comprender la realidad.  Cómo entonces conseguir que los estudiantes lograron colocar a la ciencia en el lugar que le corresponde, y sin caer en un rechazo por la misma,  pudieran reconocer que tanto la fe como la razón humana son necesarias para el desarrollo integral de la persona.  Por otra parte, cómo hacerlos descubrir el valor del curso, y el modo cómo sus contenidos les ayudarían a tener mejores criterios de juicio para una reflexión crítica de la ciencia y de la fe.

Con sinceridad lo admito, pero a razón del poco tiempo que contaba, tuve que partir de mi propia pasión por la temática, para diseñar tópicos generativos que permitieran alcanzar las metas de comprensión, que no estaban del todo claras en el programa que me entregaron, debido a que este estaba diseñado para acumular información, pero no para integrarla a la vida.  Así que, por un lado, tenía en mano un programa diseñado para repetir contenidos, un grupo de estudiantes prejuiciado a causa de un curso que consideraban irrelevante, una institución que aún tiene determinado que la evaluación tiene que ser por exámenes y todo un sistema educativo formal que valora más lo que “sé”, que lo que “comprendo”.  Por otro lado, mi convicción personal de la importancia del curso, mi deseo de que los estudiantes aprovecharan el curso para generar pensamiento crítico, mi “rebeldía” a no usar exámenes, y el deseo de integrar los contenidos dentro de los intereses de los estudiantes para que los aprovecharan en su vida.  ¿Qué hice entonces?

Lo primero fue desglosar el programa en los contenidos y redistribuir los mismo contenidos, según un orden paulatino de reflexión, que permitiera, en cada caso, partir de tópicos de actualidad e interés.  Por ejemplo, la primera unidad se refería a la “naturaleza de la filosofía de la ciencia”, es decir, al “ser” del tema.  En principio, esto era simplemente una exposición de diversas definiciones de diversos autores.  Entonces lo que hicimos fue comenzar con la proyección de la película “Matrix”, e intentar descubrir en ella todos los principios filosóficos que la sustentan.  Los estudiantes están en el último año de filosofía, por lo que ya tienen en su cabeza las diversas escuelas filosóficas.  Durante el análisis se pudo descubrir el pensamiento de Platón,, de Nietzche, de San Agustín, de Bergson, de Russell, de Popper y otros.  Luego intentamos descubrir el paradigma científico que sustentaba el pensamiento de cada uno de estos autores, y cómo de cierta manera, este paradigma científico condicionaba el resto de sus criterios.  Que no era lo mismo pensar bajo los criterios de la geometría euclidiana, que bajo la perspectiva cartesiana o newtoniana, y mucho menos desde un planteamiento relativista o la mecánica cuántica.  Y el interés se creo.  Aprovechamos para técnicas como el debate, para el análisis de pensadores más contemporáneos y de algunas posturas actuales.  Para todos, incluido yo, fue interesante descubrir cómo cada persona genera pensamiento a partir de paradigmas científicos determinados.

Desde esta perspectiva analizamos la encíclica del Papa Francisco, “Laudato si”, para tratar de descubrir el paradigma científico sobre el cuál se desarrolla el escrito. Al final, la pregunta acerca de qué es la filosofía de la ciencia se había traducido en el “hacer” de un filósofo de la ciencia.  Me queda la duda si podrían definir el concepto, lo que si se evidenció es que comenzaron a pensar como filósofos de la ciencia.

Por eso, el segundo paso (unidad), fue conocer a filósofos de la ciencia y sus trabajos.  Lo hicimos desde una experiencia comparativa entre los grandes exponentes de la materia.  Buscando ante todo, cuáles eran los aportes de uno y otro, y cuáles sus diferencias.  Para al final diseñar nuestro propio sistema.  El cuál aplicamos al análisis antropológico de la película “Ex – machina”, sobre todo tratando de explicar, porque la película indica que la actividad mental más compleja del ser humano es “mentir” o “engañar”.  Esto nos llevo al análisis desde la neurociencia del proceso de aprendizaje, y así abordamos el primer contexto de la ciencia, que es la educación.

A partir de acá, entramos en la tercera unidad, donde nos dedicamos a analizar el desarrollo del método científico, leyendo primeramente el libro de Carl Sagan llamado “El cerebro de Broca”.  A partir de esto evaluamos que tanto el método clásico es aplicable hoy en día a partir de los nuevos conocimientos, y nos aventuramos a diseñar nuestro propio método, respetando eso sí las líneas propias de una reflexión científica.  De nuevo no volcamos hacia el estudio de un tema particular “La evolución”, y sobre todo su comprensión dentro de la Iglesia.  Un concepto fue guía, qué significa para Juan Pablo II el “salto ontológico” en el proceso evolutivo.

Un cuarto momento, que no estaba contemplado en el programa original, fue el tema “Dios y la ciencia”.  Nos lo planteamos desde un debate de actualidad y de posturas actuales: ¿es racional hablar de Dios hoy en día? ¿es la ciencia el único criterio válido de verdad para el ser humano actual? Sobra decir, que este tema, por el contexto, fue uno de los más animados.  Lo trabajamos por medio de debate-foro e investigación individual.  A cada estudiante se le entrego al azar un papel que decía si o no.  Si le tocaba el sí tenía que defender la relevancia de Dios en el contexto actual de la ciencia, si le tocaba no, debía defender la necesidad de ser ateo para ser buen científico.  Esto lo pusieron en una plataforma improvisada a manera de correo compartido (pues el acceso a internet es limitado), donde uno respondía a otro.  Un poco difícil, pero se disfruto.

Mi mayor descuido en todo este proyecto de renovación pedagógica fue no haber establecido con claridad los criterios de evaluación.  La producción de los muchachos fue genial, me integre tanto con ellos que descuidé la tabla evaluativa.  Aunque si fue muy rica la retroalimentación.  Ahora me encuentro en problemas, pues debo construir los criterios en este momento, casi a punto de entregar las notas, y sé que esto no está bien.  No obstante, como les dije al inicio, está experiencia comenzó como una intuición y ahora gracias a estos cursos puedo comenzar a sistematizarla de mejor manera.  Lo que si puedo decir, es que al menos ya el curso de Filosofía de la ciencia no es considerado por estos alumnos como algo irrelevante para sus intereses personales y ministeriales.  Esperemos que la fama del curso haya mejorado, y de continuar siendo el docente, tendré que procurar definir mejor los componentes del curso y sobre todo los criterios de evaluación.

3 comentarios:

  1. Interesante la experiencia que nos comparte compañero Jafet, puedo aportar que para evitar el cuestionamiento o inclusive reclamos posteriores de los estudiantes, el sílabo es el documento solución del problema, porque se convierte en un contrato entre profesor y estudiantes, donde se detalla todos los contenidos del curso, incluyendo los criterios de evaluación.

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  2. Voy a hacer un "mea culpa", el curso me fue asignado a una semana de comenzar, y el programa que me dieron estaba diseñado para clases magistrales y exámenes escritos. Ese no es del todo mi estilo, por lo que la variación en metodología, me llevó a variar la evaluación y de ahí el enredo con el sílabo. Ya pedí que me indicaran si el próximo año me corresponderá el curso, y de ese modo sistematizar bien las cosas. Gracias

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    1. Hola Jafet, gracias por compartir esta experiencia, yo creo que usted tomó una decision como docente muy importante, y fue el de pensar en sus alumnos y hacer un cambio para mejorar. Usted utilizó otros métodos de aprendizaje que procuraran facilitar la comprensión y precisamente cuando una persona comprende entonces piensa y actúa con flexibilidad a partir de lo que sabe, esa flexibilidad le permite utilizar lo aprendido para crear, proponer, desarrollar, buscar soluciones.

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